domingo, 2 de noviembre de 2014

Érase una vez... en Leganés

Hace suyo y contemporáneo ese punto onírico del surrealismo que hipnotiza, despertando la imaginación a un universo de ensoñaciones representativas de un tiempo nuevo. Rompedora y delicada, la original obra gráfica que Helena Losada ha venido desarrollando en los últimos años es un soplo de aire fresco del que aún puede disfrutarse en la sala Antonio Machado de Leganés (calle Antonio Machado, 4), hasta mañana 3 de noviembre.

Alicia. Un mundo a sus pies
Especializada en grabado tradicional, la artista grancanaria ha dado un paso más allá de lo convencional al mezclarlo con técnicas actuales como el tratamiento de la imagen digital.

Para esta unión de vanguardia, escogió una base fotográfica sobre la que ha trabajado con aguadas y técnicas de grabado clásico como la xilografía, la litografía y la punta seca, según explica a ASC.

Todo este proceso artístico lo vivió integrado en una intensa experiencia de lectura porque “el trasfondo de Érase una vez… son los cuentos y la mitología”.

La serie “Mnemósine” trata la historia de las nueve Musas de la mitología clásica a la que también se adscribe “_Parcae Project” sobre los personajes de Las Parcas. Pero es “Once upon a time…” la serie más grande, que se corresponde con los cuentos tradicionales: Alicia en el País de las Maravillas, Caperucita Roja, El gato con botas, El mago de Oz, Cenicienta, La Bella Durmiente

Del éxito de la muestra, Losada destaca la buena acogida que el público leganense está brindando a su particular perspectiva de estos clásicos situados “más allá de la típica ilustración infantil”. Abordados desde una mirada adulta, brindan una visión del elemento fantástico que resulta, no obstante, fácilmente aprehendida por los niños, quienes no han dejado de identificar automáticamente todos los relatos en sus visitas”, según ha comprobado la joven artista. Como graciosa ampliación de esta serie, “la exposición se completa con tres piezas de cerámica: una tetera, un azucarero y un platito”.

Cien años de sueño I

jueves, 30 de octubre de 2014

Topografías del rostro en Leganés

“Siempre es bueno promover el trabajo artístico por espacios ubicados fuera del circuito comercial del centro de Madrid y la impecable sala de exposiciones del C.C. Rigoberta Menchú permite que los trabajos luzcan mucho, así que mi experiencia de exponer en Leganés ha sido excelente”, explica Flavia Totoro a ASC. El pasado fin de semana concluyó en este recinto la muestra de su obra pictórica El paisaje del rostro y la única cuenta pendiente que le quedó fue “coordinar encuentros en la sala con grupos de colegios u otros colectivos”, una interesante propuesta que deja para el futuro.

“Los temas principales de mi trabajo son el retrato y el paisaje”, detalla la pintora mexicana. Ambos se fusionaron a través del crisol de su inquieta mirada, “entre el realismo y el expresionismo”, en esta convocatoria. Porque sus obras de rostros anónimos descontextualizados (óleo, tiza y pastel), en primeros planos centrados sobre “el gesto, el rictus y la mueca, con los que se reconoce al individuo, y los claroscuros”, acabaron revelando, en efecto, facetas paisajísticas gracias al gran formato, potenciador de las cualidades tridimensionales.

Sobre su inspiración para el estudio de estas “geografías humanas”, destaca su recurrencia a “las caras que aparecen en la prensa diaria, por la espontaneidad que manifiestan”.

“Interesada desde sus inicios profesionales en la topografía de la expresión del ser humano, su retrato no es una simple reproducción premeditada de rasgos específicos sino que conecta con la esencia del semblante más que con la relación entre el que observa y el objeto artístico que es analizado, y reúne puntos de referencia históricos, artísticos y políticos que definen la concepción de actualidad en la creación artística: una acumulación de marcas y cicatrices que ejercen una fuerza sobre la expresión natural de las cosas que nos vienen dadas”, en palabras del comisario y gestor cultural, Bernardo Sopelana.

domingo, 26 de octubre de 2014

Misántropo en Fuenlabrada

Éxito rotundo de Misántropo ayer en el abarrotado teatro Tomás y Valiente de Fuenlabrada. Sólo puede calificarse de impecable la facilidad con que la actuación se condujo por vericuetos antagónicos en la exploración de los tipos humanos de un Molière atractivo y muy bien actualizado. Virajes hacia la comedia que arrancaron carcajadas, bruscas caídas en picado hacia la herida social del siglo XXI con repentino silencio sepulcral en el patio de butacas. A ritmo trepidante, en una misma escena.

Foto: Eduardo Moreno
Fueron los actores con sus cuerpos quienes cargaron el peso de lo dramático. Lo dotaron de fuerte intensidad plástica. Tras los lienzos que formaron agrupados sobre el escenario, tejidos de soledad e incomunicación en una simbólica puerta trasera de la urbe de nuestro tiempo, dejaron vislumbrar el pincel  hopperiano de Miguel del Arco. En respuesta a las provocaciones de un texto exigente que apunta hacia lo alegórico, Israel Elejalde, como un prestidigitador, supo crear alrededor de Alcestes un muro invisible que lo separó constantemente del resto de los personajes, aislándolo en la tragedia de su misantropía mientras iba dominando las esquinas, los rincones del escenario. Las claves del arrollador juego escénico fueron las distancias en las interactuaciones, las miradas que no terminaban de cruzarse o se esquivaban y las posiciones estratégicas que se sucedieron para enfilar al otro en diagonales desafiantes. A las armónicas coreografías, cada uno aportó una gestualidad propia, intensa.

Foto: Eduardo Moreno
Sorprendió la inesperada fuerza con que Cristóbal Suárez dotó al personaje de Oronte. Desencadenante de una deliciosa parafernalia kitsch en su presentación, se creció a lo largo de la representación con una interpretación sólida que apuntaló escenas. El derroche de pasión del resto del elenco fue más que notable. Bárbara Lennie (Celimena) dio réplica al protagonista como amante sibilina y Miriam Montilla (Elianta) se adjudicó el mérito de crear atmósferas en tiempo récord desde su papel, con doble fondo bien sugerido, de esposa y amiga. Es curioso que Raúl Prieto (Filinto) y Manuela Paso (Arsinoé) constituyeran un inédito tándem: su frescura les propició un favor del público bastante notorio al abrirse y cerrarse el telón, respectivamente. Mención especial merece el tema musical "Quédate quieto", una colaboración de Asier Etxeandía. Es el acierto de los pequeños detalles.

Foto: Eduardo Moreno
Pocas sensaciones tan gratificantes en una sala como asistir a un espectáculo que no explota el estereotipo sino que investiga con renovados bríos el sentido de lo arquetípico. En este caso, para revestir la nueva sátira moral (sobre el amor, la amistad, la política…) de honda humanidad. Hermanado con Molière, Miguel del Arco dejó claro que no ve oposición teórica entre la vida y el teatro.

Que Misántropo sea una obra muy ambiciosa es un valor real en alza. No se instala en la tentadora comodidad que ofrece un clásico sino que se esfuerza por asimilar su espíritu, asume los riesgos e intenta domarlos con un lenguaje propio, exquisito, muy vivo. La apuesta de Kamikaze Producciones se aceptó con entusiasmo, se disfrutó intensamente y fue aplaudida de principio a fin, desde los primeros disparos dialécticos de Alcestes a su incondicional Filinto que abren fuego, hasta su desaparición en la oscuridad arrastrando la pesada maldición de los graves ideales.

Todos, los de arriba y los de abajo, la pareja de fieles amigos que lo ve alejarse con pesar desde el escenario, y nosotros, desde la butaca, sabemos que su figura seguirá existiendo más allá del umbral de la puerta que atraviesa, más allá de la trama, el argumento y la intriga que acabamos de compartir. Esas fueron las directrices magistrales que dejó el dramaturgo y comediógrafo francés. Del Arco las hace suyas.

Teatro bilingüe en Parla

A la función matutina de La princesa y el dragón (12:00 h) le seguirá esta tarde The princess and the dragon (18:00 h) en el teatro Dulce Chacón de Parla. “Es un montaje que lleva mil representaciones, con el que hemos viajado muchísimo por todo el mundo: Taiwán, Dubai, Francia, Suecia, Venezuela…”, explica entusiasmado Víctor Torre de Sol y Tierra a ASC. A su juicio, se trata de “la mejor obra de las veinticinco que ha producido la compañía porque desarrolla un texto muy interesante, con valores universales, que conecta muy bien con los más pequeños de la casa y también los mayores”.

Dirigida por María José de la Rosa, presenta “una historia lineal que propone un juego con los roles clásicos: el protagonista no es un varón sino una princesa”.
Todo comienza cuando el imponente dragón Artimañas amenaza con destruir el Reino de Tranquilia si no le entregan a la princesa Valentina. Ni corto ni perezoso, ella decide ir a reprenderle, pero su padre, el Rey Kalmodio, se lo impide y Rimas, el jardinero enamorado, se ofrece voluntario para apaciguar a la insolente criatura, empuñando como única arma su arpa y sus poemas.

Estas simpáticas marionetas son un diseño propio que pertenece “a una larga tradición familiar, tercera generación de actores titiriteros”, han ido evolucionando y hoy son “una atractiva mezcla de muppets, con mucha vida, que gustan muchísimo a los niños porque se mueven pero también caminan por el escenario con hilos”. En escena, destaca la variedad de tamaños que incrementa la tensión dramática, “el dragón de dos metros causa sensación”, adelanta Torre.

Desde el gran éxito de la presentación de la obra en inglés que la compañía cosechó en el Festival de Edimburgo (FRINGE, 2011) y ante el interés social de este doble formato que detectaron en nuestro país, decidieron incorporar las versiones bilingües (castellano/inglés) en su propuesta escénica, estimulantes y novedosas, que enriquecen el disfrute pero en ningún caso lo entorpecen ya que su vistosa plasticidad permite la perfecta comprensión de la trama en cualquier caso. Sol y Tierra cuenta, además, con la especial complicidad del público infantil parleño a raíz de su implicación cultural con la localidad, tras las su participación en distintos festivales y campañas escolares del municipio a lo largo de los últimos diez años.


viernes, 24 de octubre de 2014

Fernando Gil en Alcorcón

Hace siete años estrenaba Don Juan Tenorio en el mismo escenario del teatro Buero Vallejo que mañana (19:00 h) le acoge como Enrique VIII, tras haber sido el primer español en protagonizar un texto de Shakespeare en The Globe. 

La obra Enrique VIII, creada por la Fundación Siglo de Oro (RAKATá) y dirigida por Ernesto Arias, pronto revistió carácter excepcional. ¿Cómo valora hoy su recorrido? 
Tras el estreno en el Corral de Comedias de Almagro, siguieron las cuatro funciones apoteósicas en el Shakespeare’s Globe Theatre (Olimpiadas Culturales de Londres 2012). Después hemos girado por toda España y otros países como Estados Unidos y Alemania. Es una trayectoria insuperable que ahora nos permite vivir un momento muy bonito porque la función sigue muy viva pero, al mismo tiempo, la controlamos tanto que sabemos darle exactamente el toque especial que requiere en cada escenario al que acudimos.       

Su cólera como Enrique VIII traspasó fronteras. ¿Cómo fue la experiencia de ser el primer protagonista español de un texto shakespeareano en The Globe? 
Constituye un hito en mi carrera. Lo viví con toda la responsabilidad que conlleva representar a uno de los reyes más importantes de Inglaterra sobre uno de los textos más complicados de Shakespeare, en la casa que el propio dramaturgo construyó para su producción, ante un exigente público inglés, acostumbrado a las versiones de sus obras. Pero fue un gran éxito con un resultado inmejorable. Gustó mucho, por ejemplo, que convirtiéramos al personaje de Catalina de Aragón (Elena González) en la gran heroína. Recibí tan buenas críticas a la interpretación que The Guardian llegó a decir que la gente se apartaba como si fuera el mismísimo rey cuando bajaba del escenario.    


La famosa historia de la vida del rey Enrique VIII (Todo es Verdad) de Shakespeare es una obra muy difícil que José Padilla hace suya en una magnífica versión, ¿qué aspecto textual destacaría?
Que se haya centrado en la línea más interesante, ese primer conflicto entre Enrique VIII y su primera mujer, toda la apasionante trama para separarse de la Iglesia de Roma por un capricho con Ana Bolena (Sara Moraleda). El resultado ha sido un texto trepidante.

¿Se ha introducido en este tiempo alguna modificación escenográfica? 
El cambio más significativo fue el que incorporamos para adaptarnos al formato de The Globe. En una suerte de réplica, decidimos mantener esa geografía por su versatilidad: tres puertas con dos columnas, casi llegando al proscenio, que dividen el espacio, concediendo mucho juego .


¿Podría avanzar un momento estelar del espectáculo?
Me encanta esa escena tan teatral en la que Enrique VIII se da cuenta de que el cardenal Wolsey, su principal consejero, se ha estado aprovechando de su poder y ha utilizado su cercanía para hacerse incluso más rico que él. Disfruto mucho cuando llevo al actor Jesús Fuente sibilinamente contra las cuerdas hasta hacerle confesar.